Valoración del Usuario: 0 / 5

estrella inactivaestrella inactivaestrella inactivaestrella inactivaestrella inactiva
 



Artículos recopilados

ACTUALIDAD CINEMATOGRÁFICA (LUIS ESPINAL)

Diario Presencia (La Paz domingo 10 de julio de 1973)

Los perros de pajaLOS PERROS DE PAJA de Sam Peckinpah es un film de una violencia interior aplastante.

Un matemático cósmico norteamericano (Dustin Hoffman) está retirado en un pueblito inglés, de donde es oriunda su mujer. Este científico es un irresponsable que no toca de pies al suelo, y por su pacifismo se deja atropellar en las pequeñas cosas de la vida. Al no reaccionar, los atropellos suben de tono; y cuando reacciona histéricamente (como buen tímido) provoca una inútil matanza.

Su esposa es una chiquilla inmadura, que repetidamente pide ayuda a su marido para vencer sus propias tentaciones. Pero ni el cariño ni la hombría del varón llegan a su tiempo. Él es un hombre excesivamente falto de sensibilidad; el trabajo y su ciencia no le dejan tiempo para vivir, ella fluctúa entre el repudio y la atracción por unos hombres más hombres, y que valoran mejor su feminidad.

Este marido insulso que no sabe ser responsable tampoco sabrá conservar el respeto de su propia esposa. Al terminar el film, en el viaje entre la niebla, sabe que es difícil hallar de nuevo un camino que lleve a su hogar.

LOS PERROS DE PAJA es una parábola contra el pacifismo raquítico que, por miedo a las pequeñas violencias necesarias, desemboca en las grandes matanzas. Pekinpah sin duda se refiere a las responsabilidades políticas de Norteamérica.

En un plano sicológico, el film parece encerrar un machismo muy norteamericano. En el polo opuesto del marido están los bravucones locales, y el film (tal vez sin querer) exalta la violencia sexual en el hombre, y convierte a la mujer en un cebo que, al menos inconscientemente, prefiere ser devorada. Peckinpah opta por la mujer-objeto y desplaza el amor hacia las cercanías de la posesión y el asalto.

La trampa y los péndulos en serie se convierten en símbolos de una situación. El pizarrón lleno de fórmulas es una pantalla que le aísla de la vida. La película está llena de contrastes, baste recordar la cacería montada en paralelo con la violación.

La interpretación de Dustin Hoffman es imponente por su indecisión y profunda ridiculez. Su manera de andar, sus miradas, y el mismo tinte de su rostro, acentuado por la angulación o los objetivos, lo definen plenamente; le falta esqueleto y por esto actúa sólo por presiones externas. Sus obras no alcanzan a convertir sus palabras en verdaderas.

La crueldad interior del film desemboca en un festival de violencia física que, tal vez, es ya exagerada.

Sam Peckinpah es descendiente de los indios norteamericanos; su cine se ha catalogado frecuentemente en lo que se llama el "western sucio" por la crueldad de su estética, bastaría recordar LA PANDILLA SALVAJE y LA BALADA DEL DESIERTO.