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Artículos recopilados

TODO EL CINE (PEDRO SUZS)

Diario Hoy, Revista Domingo (La Paz domingo Octubre de 1989)

El diablo en el cuerpo - 1986Radiguet pasado por Marcuse y filmado por un cineasta que conoció momentos más felices en una filmografía definida por su intención subversiva y contestaría. Dentro de la llamada "tercera generación" la carrera de Marco Bellochio representó uno de los paradigmas extremos de ese espíritu iconoclasta que en cierto momento, principios de los 70 digamos, insinuó transformar la orientación del cine italiano en correspondencia con los sacudones experimentados por la sociedad. De talante más radical que Bertolucci, para mencionar otra figura central de ese desplazamiento, Bellochio arremetió invariablemente contra la familia, el sicoanálisis, y las diversas manifestaciones del conformismo institucionalizado. El dilentantismo militante (La China se Avecina/1967), la figura paterna (En Nombre del Padre/1971), la mentalidad militarista .(La Marcha Triunfal/1972), fueron algunos de los mojones dentro de esa trayectoria que hizo del escándalo una de sus claves.

Especulando con el desconocimiento por el público del original de Radiguet, y de su primera adaptación cinematográfica por Autant-Lara (1946), Bellochio encara una versión muy libre de "El Diablo en el Cuerpo", esencialmente el relato de una pasión irrefrenable, para proponer otra perturbadora visión de la sociedad contemporánea. La locura -uno de los motivos predilectos del director- vuelve a ser el motor dramático en esta parábola que partiendo de un tiempo y unas circunstancias muy precisas empalma el drama actual con ciertos conflictos "eternos", según puntualiza explícitamente la última secuencia a propósito del mito de Antígona narrado sobre el rostro de la protagonista arrasado por la emoción.

La discutible intención didáctica de esa escena terminal resulta ilustrativo de las imprecisiones que aquejan una película Drematuramente envejecida, fruto de la discordancia entre el prepósito buscado y el tratamiento cinematográfico elegido para alcanzarlo. Sobre el telón de fondo del juicio a las Brigadas Rojas nace, crece y estalla la tempestuosa pasión entre Giulia -hija de un militar asesinado por los terroristas- y Andrea -símbolo de conflicto adolescente con los rigores establecidos- Los quince minutos iniciales de la película, los mejores sin lugar a dudas, envuelven el surgimiento de la relación en una atmósfera alucinante provocada por el intento de suicidio de una joven notoriamente perturbada y dispuesta a lanzarse al vacío desde el tejado que separa el balcón de la casa de Giulia del aula donde Andrea soporta a duras penas el tedio de la instrucción liceal. Para evidenciar que el desequilibrio de la suicida es apenas síntoma individual de una patología colectiva de inmediato ese clima demencial se traslada al salón de los tribunales, escenario del juicio a los brigadistas encerrados en jaulas separadas para los irreductibles y los arrepentidos. Pulcini, prometido de Giulia y uno de estos últimos, aguarda ansioso ser puesto en libertad para acomodarse a la mediocridad que es ahora, lo sabremos más adelante, su credo.

Así, con plausible capacidad de síntesis ese arranque a toda orquesta delimita en pocos trazos el ámbito al cual Bellochio apunta en esta ocasión sus dardos. La familia y el sicoanálisis otra vez, pero también el reflujo de las utopias. Sin embargo el ímpetu inicial decae a medida que el relato queda absorbido por la devastadora pasión de la pareja, con apuntes cada vez más espaciados al contexto. Con un estilo entrecortado, abrupto, Bellochio tienta traducir, sin conseguirlo casi nunca, el desasosiego interior de Giulia y la nerviosa búsqueda de certidumbres en Andrea peleando contra las imposiciones del medio pero resistiéndose al mismo tiempo a someterse a los vaivenes de ese amor loco. Largas pausas dedicadas a la intimidad de la pareja son como remansos antes del estallido de los conflictos. Pero como las relaciones entre todos los personajes bordean con frecuencia lo increíble, y además Bellocchio no consigue ser convincente ni siquiera cuando recrea un episodio real tan conmocionante como aquel de la pareja de brigadistas haciendo el amor en pleno juicio, ese erotismo, que en alguna escena llega a la explicitación más franca, pierde en buena medida su carácter revulsivo para aproximarse al escándalo gratuito. El contundente desempeño de los actores, sobre todo el de Marushka Detmers no alcanza tampoco para ahuyentar una sensación de vacio, de marcada desproporción entre las ambiciones y los resultados.

FICHA TECNICA
Tit. Orig: Diavolo in corpo.
Dir: Marco Bellocchio.
Guión: M. Bellocchio, Enrico Palandri.
Música: Cario Crivelli.
Prod: Leo Pescarolo.
Int: Maruschka Detmers, Federico Pitzalis, Anita Laurenzi, Ricardo de Torrebruna, Alberto di Stasio.

FRANCIA/ ITALIA1986.