Actualidad cinematográfica (Por: Luís Espinal)
Diario Presencia, La Paz, domingo, 17 de julio de 1977

Madame Bovary
Madame Bovary


MADAME BOVARY de John Scott nos hace recordar con nostalgia cuánto mejor era la novela de Flaubert.

MADAME BOVARY es una película ítalo-germana: la gran novela de Gustavo Flaubert banalizada por el inexperto John Scott, que muestra una total falta de vertigo.

MADAME BOVARY ha recogido el argumento de la novela, pero no la línea de la evolución sicológica; ha captado los hechos, pero no el personaje; en realidad los anécdotas han eclipsado a la protagonista, y se ha quedado en las ramas. La película no es, ni ha pretendido ser, un filme sicológico, y este ha sido su principal error.

La cinta se introduce con una serie de paisajes de la pintura impresionista de Van Gogh y Monet; esta introducción era acerlada, y podía parecer el deseo de los cineastas de damos una MADAME BOVARY en clave impresionista; pero luego se ve que era solamente una cita temporal, porque solamente los exteriores y paisajes de la película han buscado una fotografía impresionista, de brillos y luces; pero las tomas en interiores resumen una oscilación entre el seudorrealismo romántico y el rococó tardío. La plasmación de los personajes no tiene nada de impresionista, sino que se les presenta crasa corporeidad.

MADAME BOVARY ha acentuado con facilonería las situaciones eróticas, que no hacen más que comercializar el filme. No se trata de una deficiente interpretación de Edwige Fenech, sino del planteo superficial de John Scott. La protagonista ha perdido su misterio, casi parece un personaje de novela rosa; ya no es la primera mujer moderna (con toda la ambigüedad de la palabra): independiente, erótica y codiciosa. La presencia del dinero nos habla de la revolución burguesa y del auge del capitalismo; la posesión se ha convertido en un instinto clave, sea en el deseo erótico, sea en el consumo. Se acabó la era romántica de los heroísmos, la poesía (es sintomático que sea Heine el poeta citado), el honor, los sentimientos y el sentimentalismo. El nuevo prototipo de mujer inteligente, lúcida (nunca confunde la lujuria con el amor) soberbia y calculadora se ha quedado desvaído en la versión de Scott. Ya no hay suicidio, ni gestos melodramáticos, porque llegó la transacción; de aquí al cinismo habrá solamente un paso.

Ante esta MADAME BOVARY no puedo menos de pensar que los mediocres vuelven mediocre todo aquello que tocan.

 

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